Ser joven y licenciada en Comunicación Audiovisual es una traba para abrirse camino en una sociedad retrógrada como la de Sicilia. Carla Purriños, chicharrera y viajera constante, se marchó a esta isla del sur de Italia por decisión propia, pero admite que en ningún sitio se siente tan libre como en Canarias. El apego por las tradiciones, la omnipresencia de la mafia y el caos de las ciudades sicilianas conforman el escenario de su nueva vida.

PATRICIA ÁLVAREZ LEÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE Pasear por las calles de Sicilia no debe dejar indiferente a nadie, tal y como las describe Carla Purriños, una chicharrera licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Granada, que se marchó a vivir a Sicilia tras terminar sus estudios y haber conocido a Paolo, un italiano que realizaba su estancia Erasmus en la misma ciudad.

Como casi siempre, amor y aventura explican este traslado a una realidad muy diferente a la que se vive en Canarias y que Carla resume como “más retrógrada, más religiosa, más intolerante, más machista y más tradicional”. Pero no todo en Sicilia deja al visitante este regusto de decepción.

El mestizaje enriquece la isla italiana, con edificios que demuestran el paso de los diferentes pueblos y culturas que la han ocupado. Carla asegura que una de sus primeras reacciones al llegar a la isla fue asociarla rápidamente con Marruecos, “porque Sicilia encierra mucho de árabe en su cultura”.

Al asomarse a la ventana que abre la joven canaria a través de su experiencia, las calles sicilianas se llenan de vida y caos: “las vespas recorren la ciudad con sus ruidos y su punto retro”, “los conductores hablan por teléfono y se saltan los semáforos en rojo” o “los vendedores ambulantes amenizan las carreteras con sus burros y sus cajas llenas de fruta”.

Dentro de este contexto, Carla ha ido poco a poco intentando abrirse paso, aunque admite que “Sicilia acoge mal a los jóvenes y a los que se dedican a profesiones modernas”. La búsqueda de trabajo ha sido dura, porque “todo funciona por contactos y recomendaciones y el currículum y las capacidades pocas veces importan”. En una de sus entrevistas de trabajo, la joven relata cómo le negaron el puesto por ser mujer y joven. Al parecer, “el director tenía una esposa muy celosa”, comenta resignada. Ante este panorama, Carla ha optado por no cerrarse ninguna puerta y dedicarse “a todo lo que surja”. Por eso, ha trabajado desde profesora de español a responsable de comunicación de una academia de yoga, que considera su mejor trabajo hasta el momento. Sin duda, no le ha faltado voluntad en su determinación de vivir en la isla.

La mafia siciliana
Seguramente, Sicilia siempre deba cargar con la lacra de La Cosa Nostra sobre su nombre. Desde que se publicara Gomorra, el libro de Roberto Saviano, que revela los entresijos de la organización mafiosa de la Camorra, en Nápoles, esta realidad casi de película se ha vuelto más presente para el resto de Europa.

Sin embargo, Carla asegura que el libro ha tenido más repercusión en España que en la propia Italia, donde se atrevería a afirmar que existe “una visión romántica generalizada sobre la mafia”. De hecho, añade, la mafia siciliana es “palpable” en cualquier aspecto de la vida cotidiana de sus gentes. La mayoría de sus habitantes tiene relación directa con miembros de las bandas, los empresarios colaboran con el impuesto revolucionario (el pizzo) y entre los jóvenes se siente admiración por cabecillas peligrosos como Totò Riina. De hecho, una gran parte de los adolescentes no duda en entrar a formar parte de la organización “como killers, el rango más bajo de la pirámide, que son los que asesinan”.

Ahora bien, el siciliano también tiene aspectos positivos. Carla destaca, por ejemplo, el apego a la familia y a la tierra. Además, reconoce que son menos individualistas que en España y que tienen en común con los canarios la capacidad de reírse de sí mismos.
A la pregunta de a qué huele y sabe Sicilia, Carla contesta sin dudarlo: “A decadencia, pero diría que, simplemente, Sicilia sabe y huele”. Lo dice con convicción, como si esa descripción fuera el tesoro más valioso de la isla, pues “hay otros lugares que no saben ni huelen a nada de lo impersonales que son”. Su afirmación lleva a creer que ese mismo desorden se convierte en su singular belleza y que Carla debe tener razón cuando afirma rotundamente que Sicilia es una isla que “se hace amar y odiar a la vez”.

Lo suyo son las Islas

Carla admite que su decisión de irse a Sicilia estuvo marcada por las circunstancias. Quizá una cosa le llevó a la otra y podamos decir eso de que las casualidades no existen.
Con 18 años, se fue a Granada a estudiar Comunicación Audiovisual. Allí conocería a Paolo, estudiante Erasmus de Sicilia.
Recientemente, ha participado en la realización de un documental sobre la construcción de la Casa observatorio de Palermo y confiesa, que en sus ratos libres, se desahoga escribiendo y participando en certámenes literarios.

Sicilia, en breve

Situación: De origen volcánico, esta isla del sur de Italia es la cuarta isla europea por dimensiones y la mayor del Mediterráneo. Está separada del continente por el estrecho de Messina.

Población: posee alrededor de 5 millones de habitantes, la mayoría concentrados en Palermo y en Catania, que son las principales ciudades. El 98% de sus habitantes profesa el catolicismo.

Política: Cuenta con un estatuto especial desde 1946 y se adscribe a la República italiana, donde Silvio Berlusconi ostenta el cargo de primer ministro. En general, la política italiana, especialmente en Sicilia, ha estado caracterizada por la corrupción y por acuerdos secretos que discurren paralelos a la actividad política ordinaria.

fuente: www.laopinion.es

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