Por una vez, un artículo que habla de degeneración del Programa Erasmus no va a tratar sobre juergas. Tampoco vamos a hablar siquiera sobre la curiosa circunstancia de que un país con un sistema universitario no especialmente conocido por su brillantez se haya convertido en el mayor receptor de estudiantes.

Leonar Orba, comisario de multilingüismo en la Unión Europea

Quiero referirme a la desgraciada consecuencia de que un proyecto pensado para favorecer el conocimiento mutuo de culturas y lenguajes pueda ser utilizado para avanzar hacia el predominio de un solo idioma en la Unión Europea. Es la penosa conclusión que se obtiene de la lectura de un artículo hoy en El País, como si la materialización del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) tuviera que hacerse sobre la base del inglés.

Aunque tomo como base este artículo por su gran difusión, y la influencia que puede tener en la opinión pública, no me olvido de que la culpa principal procede de la propia Comisión Europea. La página web del proyecto dispone de versiones únicamente en inglés (que aparece por defecto), francés y alemán. Nada sobre el pretendido multilingüismo que debería dominar el espíritu de las instituciones europeas. De hecho, la mayoría de las informaciones relevantes que aparecen en el portal se encuentran exclusivamente en inglés, por lo que un programa de conocimiento entre, es un suponer, polacos y españoles, debe pasar por ese idioma intermedio.

No es una sorpresa, ya que es una política común de los políticos europeos. Cuanto más se insiste en la igualdad de todos los idiomas, más crece el predominio de uno en concreto. Basta ver en qué idioma los comisarios europeos se comunican con los ciudadanos.

El último episodio de hipocresía lo ha mostrado el flamantemente nombrado Comisario de Multilingüismo, Leonard Orban, hace unos días en Suecia, adonde ha acudido con ocasión de que la Presidencia europea corresponda ahora a este país. Pues bien: su intervención pública se ha realizado exclusivamente en inglés, sin que haya mediado traducción ni desde su lengua natal ni hacia el de sus oyentes. Al día siguiente se reunió con un grupo de parlamentarios suecos, a quienes instó a usar más su lengua en las instituciones europeas. De nuevo lo hizo en inglés.

El artículo de El País descarta el esperanto. Sin embargo, si se desea mantener un programa de equidad en Europa, sólo hay dos soluciones: o el multilingüismo estricto, no el orbaniano, o el esperanto.

fuente: www.soitu.es

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