
Después del 2 de Mayo (Día de la Comunidad de Madrid), la ciudad se engalana para homenajear a su santo patrón, San Isidro. Quien escribe este artículo llegó, procedente de provincias, a esta santa ciudad, buscando no se sabe qué, hace aproximadamente catorce años. Después de andado todo este tiempo (no conducía –ahora tampoco-, no me gustaba el transporte público,…, así que: ¡a andar!), continua buscando -y andando-, pero, al menos, ha llegado a la conclusión de que Madrid es la ciudad perfecta para vivir debido, sobre todo, al enorme contraste que ofrece. Y es que, a pesar de ser una ciudad de más de 3.000.000 millones de habitantes (de todas las razas, de todos los colores, …, lo cual intensifica su atractivo), conserva el encanto provinciano de antaño, que, en mi opinión, es lo que la hace especial. Una muestra de este encanto la podemos disfrutar la semana del 15 de Mayo de cada año, desde 1575, día en el que se celebra la festividad de San Isidro Labrador, patrón de la Villa de Madrid.

15 de mayo, San Isidro
Innumerables festejos tienen lugar a lo largo de toda la semana, desarrollándose los más significativos el día 15, durante la cual los madrileños –y no madrileños- se lanzan a la calle para celebrar la festividad de su patrón, acudiendo a los distintos eventos (conciertos, zarzuelas, corridas de toros, …), organizados por el ayuntamiento.
De gran tradición es la peregrinación del día 15 a la Ermita de San Isidro (Paseo de la Ermita del Santo, 78), situada en el lugar donde tuvo lugar el milagro de los bueyes, en la que los fieles, vestidos de chulapos y chulapas, (trajes típicos madrileños, procedentes de los majos y majas de épocas anteriores; recuerden los cuadros de Goya), llevan sus ofrendas al santo. Después de la misa, la concurrencia se desplaza a la Pradera de San Isidro, próxima a la Ermita, donde los peregrinos acuden con sus propias cestas de comida con el fin de mantener una tradición que ha durado hasta nuestros días, convirtiéndose el homenaje a S. Isidro en un acto totalmente dionisiaco. Allí se pueden saborear, además, los distintos tipos de rosquillas, típicas de Madrid, y otros platos típicos castizos, como pudiera ser un buen cocido, para aquellos que conservan la tradición pero a medias. Manjares que son amenizados con conciertos y recitales en la misma pradera, que animan a marcarse un chotis muy “agarrao” (canción procedente de Escocia –schottisch- y que se arraigó en distintas zonas, entre ellas Madrid).
Por la tarde, después de hecha la digestión, los madrileños -y no madrileños- acuden a la procesión del Santo y de la Santa (Santa María de la Cabeza), que partiendo de la Colegiata de San Isidro (c/ Toledo, 37) recorrerá las calles del centro de Madrid, acompañada de la Banda de Música de la Policía Municipal de Madrid. Los menos religiosos pueden disfrutar también del desfile de gigantes (personas en zancos) y cabezudos (grandes y satíricas cabezas de papel maché), que pasean su majestuosidad por los lugares de celebración, como pudieran ser Las Vistillas, la Plaza de S. Andrés, la Plaza Mayor, …, zonas totalmente engalanadas para la ocasión. En algunos de estos lugares (Las Vistillas, por ejemplo), se celebran conciertos y zarzuelas, muy concurridas éstas, sobre todo por el público foráneo, ya que les ayuda a entender la idiosincrasia del madrileño, debido al tema y al estilo en el que se trata el tema.

Podemos ver también durante toda la semana como los barquilleros, con traje de chulapo, pasean su organillo -en el cual suena la música de un chotis-, vendiendo los famosos barquillos (pasta fina hecha con harina, azúcar o miel, y canela, de excelente sabor). Estos barquilleros animan las calles de Madrid con su música, y su presencia
hace que miremos atrás en el tiempo para ver la procedencia de la tradición. Ellos son parte fundamental de esta fiesta popular.

Gran interés tiene, sobre todo para los amantes de la tauromaquia, la Feria de S. Isidro, que, según los expertos, es la de mayor prestigio en el mundo: el torero es consciente de lo que implica torear en el coso taurino madrileño, de ahí que las mejores faenas se vean ver durante esta feria, siempre con el permiso de los toros. Durante todo el mes de Mayo, los alrededores de la target=”_blank”> Plaza de las Ventas se visten “de luces” para recibir a los mejores toreros del escalafón taurino, todos quieren torear en Madrid. Esta feria taurina hace que las fiestas de S. Isidro se alarguen todo el mes y el ambiente castizo no se reduzca a la semana de celebración del día del patrón.

Se trata de una fiesta popular, de gran tradición en el pueblo de Madrid, que nos sirve para entender, y esto es lo más importante, el carácter del pueblo madrileño. Fiesta que, unida a la celebrada el 2 de Mayo (Comunidad de Madrid), hace que asociemos el mes de Mayo a la ciudad de Madrid.
Isidro (Madrid, 1080- Madrid, 15/5/1130) fue un campesino que se dedicó, afanosamente, a la oración y a labrar la tierra. Casado con María de la Cabeza, que, posteriormente, también fue canonizada: ambos tenían en común una gran fe. Tuvieron un hijo, Illán, que sería el protagonista de uno de los milagros que, según cuentan, realizó el santo. La familia vivió bajo la custodia de unos de los linajes más antiguos del Madrid de la época (S. XI), los Vargas, en la casa que los nobles poseían en la Plaza de San Andrés (en la actualidad, recibe el mismo nombre), famosa por albergar el pozo en el cual el santo obró uno de sus milagros.
Ésta habría sido la biografía de un humilde trabajador, si no hubiera sido por los “especiales acontecimientos” (milagros) que tuvieron lugar en la vida de trabajador tan relevante. Se le atribuyen gran cantidad de milagros, pero, probablemente, el más conocido sea aquél que tuvo lugar en el pozo de la casa de los Vargas: Isidro y su mujer
se pusieron a rezar viendo que su hijo se ahogaba al caer en el pozo. Estando en ello, el nivel del agua del pozo empezó a subir, salvando la vida del niño. Otro milagro de gran resonancia se produjo al ver el Labrador a sus bueyes, tirados por dos ángeles, arar la tierra mientras él rezaba,… Éstos son sólo dos ejemplos, de los muchos milagros que citan las crónicas, y que llevaron al Papa Gregorio XV a canonizarlo en 1622. A partir de ese momento, Isidro se convirtió en “San” y, por lo tanto, en patrón de los labradores y de los madrileños.
Por: Pedro Moreno García

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